Perderse en kendo

Perderse en kendo

Kendo se compone de dos palabras Ken y do, espada y camino. Se suele traducir como la vía de la espada. No voy a entrar en todo lo que implica el concepto de camino, pero sí me sirve para escenificar esta situación.

Frecuentemente pasa que recorriendo este camino nos perdemos.

Puede ser en un keiko, y encontrarnos perdidos frente a un adversario, sin saber cómo conseguir nuestro objetivo y a veces sin reconocer nuestro propio Kendo. Nuestra cabeza a veces nos juega malas pasadas y también puede ser mérito del oponente (os recuerdo prohibiciones del kendo).

Puede ser entre exámenes, y que no seamos capaces de encontrar ese salto que nos dará el siguiente grado.

Puede ser más profundo y no encontrar la motivación para entrenar.

Lo malo no es perderse, lo malo es que si nos perdemos podemos llegar a frustrarnos. Si nos ocurre en un keiko forzaremos y deformaremos nuestro kendo hasta perder, o ensuciar el objetivo. Si nos pasa en un examen perderemos la confianza y terminamos trabajando cosas que no nos piden o que no son correctas.

Puede parecer difícil, pero hay que tener varias cosas en cuenta.

Primero, no estás solo. Kendo no es una actividad solitaria, se realiza en un dojo donde todo el mundo está para ayudarte y todos los senpais han pasado por ello, en diferente medida.

Segundo, el que se pierde es porque avanza. Hay que perderse para encontrar nuevas rutas. En kendo si se entrena (bien) se mejora SIEMPRE. Edison respondió una vez a un periodista que le recordó que había cosechado casi mil intentos fallidos antes de dar con el filamento de tungsteno “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. Y eso es muy importante. Saber reconocer cómo no hay que hacer las cosas nos permite aprender más rápido y, sobre todo, ayudar a los demás reconociendo dónde se han perdido.

Finalmente hay una clave para recuperar el camino. Volver a un sitio conocido que te ofrezca confianza y desde ahí comenzar a andar de nuevo. Puede parecer obvio pero lo cierto es que cuando uno está perdido no suele hacerlo. Que no te de pereza retroceder camino, verás que avanzas mucho más deprisa siguiendo tus pasos que abriendo uno nuevo. Recuerda lo más sencillo. ¿Men? ¿Eso lo puedo hacer con confianza? Bien empecemos por ahí.

Y si te pierdes otra vez, repite. Seguro que habrás  avanzado algo con respecto a la primera vez.

El que no evita estar perdido acaba perdiendo. El que se desvía de la vía y vuelve a ella, conoce más caminos.

GAMBATE