El peligro detrás del engaño

El peligro detrás del engaño

En kendo podemos decir que hay tres tipos de engaño:

Engañar a los demás es divertido y eficaz pero no podemos basar nuestro kendo en engaños, porque  ese camino acaba pronto, como todos los que buscan trucos y atajos. No debemos buscar ganar ahora y perder a largo plazo. En Kendo, lo que funciona es el trabajo duro, y su ventaja es que funciona siempre.

Que nos engañen aunque dice poco de nuestro corazón ( Fudōshin 不動心 Corazón imperturbable, o Mushin  無心  corazón vacío del que ya hablamos en otro artículo), es normal que nos engañen por lo menos la primera vez. Peor es que nos engañen siempre. Aunque, como decía antes, hay maestros del engaño, no podemos caer eternamente en sus trampas. Si esto pasa estamos haciendo kendo como robots, mecánicamente, sin adaptarnos (de esto espero hablar en otro artículo).

Pero el auténtico error, la autentica enfermedad, radica en engañarse a uno mismo. Los casos anteriores (y casi cualquier error si me apuras) se resuelven naturalmente cuando estamos libres de esta lacra.

Pese a que todos la padecemos en mayor o menor media, seguro que todos somos capaces de reconocer en nosotros o en algún compañero alguno de estos comportamientos:

  • Cuando nos decimos no puedo más y sí podemos.
  • Cuando elegimos atajos o trucos.
  • Cuando no hacemos caso porque los demás están equivocados y nosotros sabemos más.
  • Cuando buscamos la causa de nuestras limitaciones fuera de nosotros.
  • Cuando atribuimos el éxito a algo distinto del esfuerzo y la dedicación.
  • Cuando el conjunto de las cosas que creemos que no necesitamos coincide con las que no nos gustan o nos cuestan trabajo.
  • Cuando hacemos algo mal excusándonos que los demás también lo hacen.
  • Cuando al repetir un error sistemáticamente, en lugar de corregirlo, le quitamos importancia.
  • Cuando no  entrenamos escondiéndonos tras distintas escusas y en realidad es por pereza.
  • Cuando pensamos que no necesitamos entrenar o mejorar.
  • Cuando las cosas no nos salen y decimos que no podemos, pero en realidad no las intentamos.
  • Cuando esperamos más de lo que merecemos y nos hemos ganado.
  • Cuando pensamos que nuestros progresos son únicamente mérito nuestro.
  • Cuando al recibir una corrección la primera respuesta es siempre una negación o una excusa.
  • Cuando repetimos sólo en lo que nos sale bien.
  • Cuando intentas superar a los demás en lugar de superarte a ti mismo.

Pero no sólo engañarnos sobreestimándonos es pernicioso, subestimarnos es también un freno en nuestro aprendizaje. Si no sabemos en qué punto del camino estamos es difícil saber como avanzar. Pensando que hacemos mal cosas que, en realidad, hacemos bien, sólo conseguiremos o bien cambiarlas y hacerlas mal o, en el mejor de los casos, no mejorar cosas que sí necesitamos mejorar.

Por su propia naturaleza es muy difícil darse cuenta uno mismo de que nos estamos engañando. Aunque no estemos obteniendo los resultados que deberíamos, aunque nos digan lo contrario, aún así, es muy posible que sigamos ignorándolo.

Es muy posible que esta enfermedad no tenga cura y, desde luego, hay casos extremos donde esto es así. Si la hay, pasa por un profundo  y continuo proceso de auto crítica y, sobre todo, aprendiendo a escuchar. Escuchar no sólo a sempais y maestros (que si nos dicen algo es siempre para ayudarnos) sino también a cualquiera que intente hacerlo.